Parque Lezama

Escenario del nacimiento de la Ciudad, deslumbra con sus fuentes, árboles y esculturas.

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Parque Lezama
Parque Lezama

Según algunos testimonios, el espacio que hoy ocupa el emblemático Parque Lezama fue el elegido por Pedro de Mendoza para la primera fundación de Buenos Aires, en 1536. Sobre la altura estratégica que cae en barranca hacia la costa, hoy avenidas Martín García y Paseo Colón, estas tierras albergaron a fines del siglo XVIII a la Compañía de Filipinas que vendía esclavos. Llamada Quinta de los Ingleses durante el siglo siguiente -dado que su dueño hacía flamear la bandera británica en la mansión construida sobre la calle Defensa, hoy Museo Histórico Nacional -, es mencionada como tal en El Matadero de Esteban Echeverría.

En 1857 J. G. Lezama, terrateniente salteño aficionado a la botánica, compra el predio y construye un parque privado. Años más tarde su viuda lo vende a la Ciudad, a condición de convertirlo en parque público y llamarlo con el nombre de su marido. A Carlos Thays correspondió el diseñó de la parquización cuya reja original circundante fuera eliminada más tarde por el Intendente Guerrico. A fines del siglo pasado, el vandalismo sugirió cercarlo nuevamente para conservar las magníficas especies botánicas, los senderos, edificios, monumentos y piezas de arte, que convierten al parque en un atractivo paseo.

El bucólico encanto suma historias literarias como los entrañables encuentros de los protagonistas de Sobre héroes y tumbas. Además, se pueden apreciar la réplica en bronce de la escultura de la Loba Capitolina, obsequio de la ciudad de Roma por el centenario nacional, y el Monumento a la Cordialidad, presente del pueblo uruguayo, ambas restauradas en los últimos años. Convertido en paseo tradicional de la Ciudad y atracción turística, la belleza natural del Parque se potencia en el entorno de bares históricos como el Defensa, el Hipopótamo o el Británico, y edificios emblemáticos como la Iglesia Ortodoxa Rusa, con sus vistosas cúpulas frente al actual Anfiteatro, construida entre 1898 y 1901 por mérito del arquitecto Alejandro Christophersen. Por último, otro rasgo destacado es la pendiente natural de la barranca, una de las más notables de toda la costa porteña.

Av. Brasil y Paseo Colón, San Telmo.