Pasaje Roverano

Una galería que conserva su esplendor

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Pasaje Roverano

La ciudad alberga majestuosas galerías en las que todavía se aprecian el cuidado y el lujo con el que fueron concebidas; una de ellas es el Pasaje Roverano. Inaugurado por segunda vez en 1918 en Avenida de Mayo 560, es el primero de los tres pasajes construidos sobre la avenida. Luego se sumaron el Palacio Urquiza Anchorena (Avda. de Mayo 747, que data de 1921) y el Palacio Barolo (Avda. de Mayo 1370, inaugurado en 1923). Su esplendor todavía se aprecia en los bronces, vitrales, vidrieras curvas, mármoles y maderas.

Los hermanos Angel y Pascual Roverano eran descendientes de una acaudalada familia italiana, y en 1878 construyeron un edificio de dos plantas junto al Cabildo, donde por entonces funcionaban los tribunales. En la planta baja se instalaron oficinas de abogados y en el primer piso habitaciones para vivienda. Con la apertura de la Avenida de Mayo, la antigua construcción fue desalojada y perdió parte de su frente.

En 1912 iniciaron la reconstrucción a cargo del arquitecto francés Eugenio Gantner, que tardó seis años en remodelar el edificio con materiales de lujo importados de Europa. Finalmente, el Roverano se inauguró en 1918, y desde entonces se convirtió  en protagonista de momentos históricos y anécdotas dignas de recordarse. Una de ellas tiene por protagonista a Antoine de Saint-Exupéry, quien trabajó para la Compañía Aérea Nacional que tenía su sede en el segundo piso, y solía pasar a buscar las sacas de correo para repartir en el pasaje. Por otra parte, durante 22 años el Papa Francisco, entonces Arzobispo de Buenos Aires, se cortó el pelo en La Barbería de Montserrat, el local histórico que durante más de medio siglo ocupó la entrada de la galería. Luego, almorzaba en Café Bar Old Times, ubicado también en los recintos del pasaje.

El Roverano fue escenario de varias películas por su atmósfera detenida en el tiempo: entre ellas está La Señal, dirigida y protagonizada por Ricardo Darín, y el film Los Dos Papas, que aborda parte de la vida del Papa Francisco.

Hoy, pese al cierre de algunos de sus locales producto de la Pandemia, el Pasaje Roverano sigue en pie, albergando un enorme caudal de historias en su interior, como todos los edificios que comparten el glorioso destino de ser parte del recorrido de Avenida de Mayo. 


Pasaje Roverano | Av. de Mayo 560

Crédito de fotografía: María Paula Pía para DBA.